Mucho antes del Coronavirus, este país fue azotado por temibles epidemías.

 


Suena extremadamente difícil de creer, pero hasta el primer tercio del siglo XVIII, el culto a la Virgen de Guadalupe casi había caído en el olvido, más allá de los pobladores originarios que sobrevivieron la conquista y que habitaban en las inmediaciones del cerro del Tepeyac, la virgen era prácticamente desconocida en el virreinato. En un inicio había servido al propósito de los curas; evangelizar a los indios, pasado este periodo, la virgen ya no era relevante.


En 1680 se promulga en España la Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias, mejor conocidas como “Leyes de Indias”, se trataba de un corpus que pretendía positivizar un orden jurídico para los habitantes originales de las Américas, es decir; dotar y reconocerle sus derechos a los indígenas, sin embargo en la mayoría de los virreinatos dichas leyes llegaron a cuenta gotas pues la aplicación integral de las mismas afectaba el status quo de los peninsulares.
Uno de los derechos que los indios no poseían era el de elegir su vestimenta.

Durante la colonia se establecieron muchos “obrajes” en la Nueva España, estos eran una especie de maquiladoras donde se confeccionaban diversas telas y prendas de lana, recordemos que la economía del Imperio Español no se basaba en las leyes del mercado, sino en un sistema de monopolios, cuotas, cupos y privilegios, la seda que se usaba en Europa pasaba necesariamente por la Nueva España, así que en algún momento a “alguien” se le ocurrió comenzar a hacer ropa de seda y lana para consumo doméstico, (la ropa tenía un carácter muy diferente al que le damos nosotros; denotaba el status social que se poseía y de hecho se heredaba de padres a hijos).

El aumento en el número de estos obrajes causo un súbito incremento en la oferta de telas y prendas disponibles, por lo que por primera vez en su vida, los peninsulares tuvieron la posibilidad de renovar sus guardarropas ¿y a dónde iban a parar las prendas desechadas? ¡Exacto; a la servidumbre indígena!

En 1730 llega a la Nueva España el cura Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarrieta para ocupar el cargo de arzobispo, y cuatro años después en 1734 se convertiría en Virrey de la Nueva España.

Desde que llegó, al padre Vizarrón no le pareció bien eso de ver de repente por las calles de la Ciudad de México a indias vestidas de seda (harapos, pero de seda) o a hombres vistiendo viejas prendas de lana, por lo que una de sus primeras ordenanzas como virrey fue ir en contra de las leyes de indias y dictar un “código de vestimenta” para los indios, que consistía en solo un par de “outfits”, de manta naturalmente.

En 1736 comenzó en los obrajes del pueblo de Tlacoapan, hoy Tacuba, un epidemia descrita por las fuentes de la época como “penosa y putrefacta”, los indios le llamaban “matlazahuatl” de “matlatl”/ red o conjunto y “zahuatl”/ grano, pústula, los peninsulares le llamaban “Tabardillo”, apócope de “Tabardete” que en español antiguo significa “podrido”. Se trataba de una enfermedad que provocaba fiebre alta, hemorragias y pústulas, y era, como todas las enfermedades de la época, absolutamente mortal. No se sabe exactamente de qué patógeno se trataba, algunos investigadores piensan que pudo ser un cóctel de varias enfermedades manifestándose al mismo tiempo ya que los testimonios históricos son más bien anecdóticos y varían en los síntomas descritos, sin embargo se han podido identificar síntomas comunes a los ya mencionados por lo que lo más probable es que se trató de una cepa de tifus.

Es difícil también saber el número exacto de muertos, se calcula que en la Ciudad de México supero los 50 mil, y en Puebla los 7000.

Pero aquí comienza lo interesante…

En un momento dado se notó abiertamente que aunque la epidemia comenzó entre los indígenas de Tacuba que laboraban en los obrajes, en condiciones insalubres, entre pulgas y heces tanto de humanos como de bovinos, la velocidad del contagio era mucho más acelerada entre los criollos y peninsulares. De hecho en un determinado momento, los enfermos dejaron de ser indios y pasaron a ser casi exclusivamente criollos y peninsulares. Los asustados habitantes de la Ciudad de México lo atribuyeron a un milagro de la Virgen del Tepeyac concedido a los indios, por lo que de la noche a la mañana, multitudes se agolparon en el entonces pequeño templo buscando la intervención divina, la Virgen fue nombrada Patrona de la Ciudad de México y para cuando la pandemia se detuvo y dejaron de presentarse casos, por ahí de 1740, el culto a la Virgen se extendía por toda la Nueva España.

En realidad, el tifus es trasmitido por pulgas y piojos, a los cuales les encantan los ambientes cálidos y húmedos como los que proporcionan la lana y la seda, los indígenas al tener prohibido usarlas y dejar de trabajar en los obrajes durante la inactividad provocada por la epidemia, dejaron de contagiarse entre ellos, además, por alguna razón, a estos insectos no les gustaba la manta.

Así que la epidemia fue derrotada por seguir indicaciones básicas de higiene, el virrey ordenó la limpieza inmediata de todos los obrajes y la clausura de los no autorizados (con lo que recuperó para el imperio, el monopolio de lana y la seda) así como que todos lo cuerpos de los muertos fuesen sacados de la ciudad y sus pertenencias quemadas.

En los años siguientes el Virrey Vizarrón emitió varios decretos que, con el tiempo, redujeron considerablemente el alcance de las epidemias, entre estos destacan:

-Ubicar los panteones afuera de las poblaciones, en aquellos años la gente era enterrada en los atrios delas iglesias o en las casas.
-Ubicar los basureros en zonas alejadas de las ciudades.
-Ordenó que las calles fuesen barridas todos los días.
-Decretó la creación de una red de desagüe para todas las ciudades, en aquellos años la gente arrojaba sus desechos a la calle.
-Dio instrucciones para la construcción de baños públicos para indios y para peninsulares

Vizarrón dejó de ser virrey en 1740 pero continuó siendo arzobispo hasta su muerte en 1747 

Fuentes: 
Viesca, C, "Hambruna y Epidemias en el Anáhuac",México, 1982
Dupaix. M. "Antiguedades de México" edición facsimilar, México, 1964
De Torquemada J,  "Primera parte de los veinte iun libros rituales i monarchia Indiana con el origen y guerras, de los Indios Occidentales, 2a edición, Madrid, circa 1723.








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